martes, 9 de mayo de 2017

REPUBLICA ROMANA (División de poderes)

Seguidamente hago un resumen de las competencias de los tres principales poderes de la antigua república romana. Para ello sigo casi literalmente el libro VI de las historias de Polibio.

Como se verá los equilibrios y contrapesos y la división de poderes ni las inventó Montesquieu ni los padres fundadores de EE.UU.

SENADO:
-          Controlar el erario público. Nada entra ni sale de él sin su orden.
-          Juzgar los delitos cometidos dentro de Italia, que requieran una corrección pública, como traiciones, conjuraciones, envenenamientos y asesinato.
-          Ajustar las diferencias que se originen entre particulares o ciudades de Italia, castigarlas, socorrerlas y defenderlas si lo precisan.
-          Despachar alguna embajada fuera de Italia para reconciliar las potencias, exhortarlas o mandarlas que emprendan o declaren la guerra.
-          Dar audiencia a los embajadores que vienen a Roma, deliberar sobre sus pretensiones, y dar la conveniente respuesta.
-          Otorgar o denegar un triunfo.
-          Enviar al sucesor del cónsul concluido el año, o continuarle en el mando.
-          Exagerar y ponderar las expediciones del cónsul u oscurecerlas y disminuirlas.
-          Autorizar el envío al cónsul cuando está en campaña de víveres, vestuario, o sueldos.
-          Dar su parecer acerca de cualquier asunto importante si se le demanda (senatus consultum).

CONSULES:
-          Los cónsules, mientras se hallaban en Roma y antes de salir a campaña, eran árbitros de los negocios públicos.
-          Todos los demás magistrados, a excepción de los tribunos, les estaban sujetos y obedecían.
-          Conducían los embajadores ante el Senado, proponían los asuntos graves que se habían de tratar, y les pertenecía todo derecho de formar decretos.
-          A su cargo estaban todos los actos públicos que se habían de expedir por el pueblo, convocar asambleas, proponer leyes y decidir sobre el mayor número de votos.
-          Tenían una autoridad casi soberana en los aparatos de la guerra y en todo lo concerniente a una campaña, como mandar en los aliados a su antojo, nombrar tribunos militares, alistar ejércitos y escoger tropas.
-          En campaña podían castigar a su arbitrio y gastar del dinero público como gustasen, para lo cual les acompañaba siempre un cuestor, que ejecutaba  prontamente todas sus órdenes.

ASAMBLEA DEL PUEBLO:
-          Era el solo árbitro de los premios y castigos.
-          Juzgar e imponer  multas cuando lo merece el delito.
-          Elegir a los magistrados  entre los que lo merecían.
-          Aprobar o reprobar las leyes.
-          Se le consultaba sobre la paz y sobre la guerra.
-          Declarar o poner fin a la guerra.
-          Anular o ratificar los pactos y tratados.
-          Juzgar las acciones de los cónsules y magistrados una vez depuestos del mando.
-          Ratificar los castigos impuestos por el senado por delitos graves o de estado, especialmente la pena de muerte.


lunes, 13 de marzo de 2017

CAMINO A LA EXTINCIÓN

Camino de servidumbre se llama la famosa obra de Hayek en la que describe los pasos a través de los  cuales un país acaba pasando de un régimen de libertades a un sistema totalitario.

Del mismo modo podríamos hablar de que existe un camino que de ser tomado lleva a toda civilización a su extinción.

Esas etapas que conforman ese camino de extinción se podrían resumir en cinco puntos.

1  Hegemonía. Ausencia de enemigos.

“¡Qué será de Roma cuando ya no tenga a nadie a quien temer!” (Catón el Censor)

Toda civilización batalla por su existencia, y se enfrenta a otras civilizaciones, ya sea ese enfrentamiento una pura competición o bien una guerra abierta o soterrada. En un cierto momento la civilización va derrotando a sus competidores y, eventualmente, puede llegar a eliminar a aquellos que suponían un riesgo para su existencia. En ese momento la civilización en cuestión llega a la hegemonía  en su área de influencia.

Pocos años después de que Catón el Censor pronunciase la frase que abre este punto Roma derrotó a todos los que en ese momento suponían una amenaza para su existencia (Siria, Macedonia y sobre todo Carthago). No es que desaparecieran todos sus enemigos, pero sí aquellos que podrían haber acabado por la fuerza con Roma.

Algo parecido ocurrió en 1991 con la caída de la URSS. En ese momento EE.UU. alcanzó la hegemonía mundial, que aún conserva. A pesar de que hay quien lo ataca, sus enemigos no suponen un riesgo existencial en la actualidad como sí lo fue la URSS en su momento.

2 Riqueza material inusitada.

Conforme la civilización va derrotando o superando a sus competidores la prosperidad económica aumenta. De hecho ninguna civilización cada vez más pobre económicamente puede ser cada vez más fuerte a nivel internacional. Riqueza y fortaleza van de la mano siempre.

Cuando se alcanza la hegemonía  la riqueza alcanza un punto álgido que sigue creciendo gracias a la paz y la estabilidad que resultan de la ausencia de amenazas serias. Con la paz viene el libre comercio, un aumento de las inversiones y por ende de la productividad. En un momento dado la población se encuentra con un nivel de vida que sus antepasados no pudieron ni siquiera imaginar.

3 Desaparición del espíritu de sacrificio o virtud cívica.

Esa riqueza hace que las costumbres se relajen, la gente se vuelve más egoísta y al no haber una amenaza externa evidente nada les lleva a sacrificarse por los demás. La riqueza se convierte en la medida de todas las cosas. El bienestar propio se convierte en  el objetivo a alcanzar. La gente, si bien de palabra aún pueden creer en grandes valores ya no están dispuestos a hacer ningún sacrificio por ellos, quizás estén aún dispuestos a pagar por ellos, a pagar a algún otro para que se sacrifique pero no a realizar ellos mismos esos sacrificios.

Dar unos años o incluso meses de su vida para un servicio militar o civil se ve como una intromisión intolerable en la vida de las personas. Que vecinos o desconocidos puedan afear la conducta de jóvenes que actúan mal o de tus propios hijos se ve como injustificable. La palabra derechos se extiende a cada vez más ámbitos. La palabra deber se reduce a su mínima expresión.

Más aún esa riqueza, ese bienestar, esa comodidad nos ablanda hasta el punto que ciertos esfuerzos que siempre se han acometido comienzan a verse como esfuerzos intolerables. Criar niños o incluso el simple hecho de caminar comienza a verse como una incomodidad injustificable.

Del “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill se pasa al Carpe diem.


4 Desaparición de valores que eran considerados objetivamente buenos (patria, creencias, costumbres)

En un cierto momento incluso en esos valores se empieza a dejar de creer. Comienzan a ser relativizados cuando no directamente atacados. La gente empieza a estar dispuesta a creer en ideas ajenas a las de la  propia civilización no importa lo extrañas o disparatadas que sean o peor aún en no pocos casos la gente llega a no creer en nada absolutamente. El nihilismo y el relativismo se extienden.

Quitar crucifijos o pesebres de las escuelas es visto como algo lógico y necesario, como lógico y necesario es visto permitir el hijab o llevar a cabo algún ritual de otra cultura que fomente la multiculturalidad.

Sin embargo a los valores les ocurre como al poder, no toleran el vacío. Donde unos valores desaparecen antes o después otros vienen a ocupar ese espacio.

5  Invasión, casi siempre pacifica, de poblaciones ajenas a esa civilización.

Precisamente cuando esos valores flaquean es cuando se comienza a estar más dispuesto a que cualquiera, no importa en que crea o cual sea su forma de vida atraviese nuestras fronteras. La riqueza que ya creció entre nosotros  los atrae, nuestra falta de valores les permite la entrada. Esa falta de valores relativiza los suyos. La entrada no cesa.

El relativismo, cuando no el odio hacia uno mismo, lleva a celebrar la idea de que otras culturas, no importa como sean, puedan afincarse dentro de nuestras fronteras. Si las nuevas minorías no se integran los defensores del sistema sin duda achacarán las culpas a nosotros mismos, a que somos racistas, intolerantes o a que no les damos suficientes ayudas económicas. Nunca cuestionarán el deseo de esas minorías por integrarse.

Y dado que ya no valoramos lo nuestro ¿qué razón vamos a tener para exigir a nadie que adopte nuestros valores? Es más, en este punto es posible que ya ni siquiera existan “nuestros valores”

6   Disolución de la civilización en ese tsunami extranjero.

En un momento dado esas minorías, que nunca se integran y que a diferencia de nosotros no dudan de sus valores, por diversos medios, políticos, violentos, cooptación, etc… acaban con la civilización de residencia.


No fueron los bárbaros quienes acabaron por si solos con la civilización romana. Los bárbaros fueron la última fase, y acabaron con algo que estaba ya desgastado y marchito. Décadas de permitirles la entrada e incluso de poner en sus manos la defensa del imperio llevaron a que se encontraran en una posición de fuerza que les permitió en un momento dado hacerse con el poder. 

jueves, 2 de febrero de 2017

Ser soldado en Israel.

El siguiente documental de media hora trata sobre la segunda guerra del Líbano entre Israel y Hezbolá. Pero lo interesante es que muestra como funciona el sistema de reservas del ejército israelí, y como afecta a la sociedad israelí.

Es un buen ejemplo de como funciona un ejército de ciudadanos.

https://www.youtube.com/watch?v=95LcFRfEzFk

lunes, 9 de enero de 2017

Lógica doméstica

La mayoría de la gente hace gala de un buen sentido común cuando se atiene a los problemas de la vida cotidiana, a las cuestiones domésticas del día a día, sea en lo que se refiere a la economía, la educación, las relaciones personales o la seguridad de la familia. Por supuesto hay familias disfuncionales y claro está que todos cometemos errores o tomamos alguna mala decisión pero en términos generales la gente tiene lo que podríamos llamar una adecuada lógica doméstica.

Sorprendentemente esa misma gente lanza al cubo de la basura ese sentido común cuando se trata de cuestiones a nivel de política nacional o internacional. Ante problemas esencialmente idénticos a los que enfrenta en su día a día, esa gente, por alguna razón, pasará a plantear soluciones diametralmente opuestas a las que usa en su vida cotidiana para el mismo tipo de problemas.

Veamos algunos ejemplos:
En economía cualquier familia que pasa por un periodo de crisis tiende a hacer lo mismo, reduce el gasto, establece una serie de prioridades de gasto eliminando lo superfluo y priorizando aquello más importante, intenta aumentar los ingresos, etc… Esa misma gente cuando quien está en crisis económica es el país piden que no se deje de gastar, que se mantenga todo tipo de gasto público, sea un hospital o una tv pública que nadie ve, piden que no se cambie nada de nuestro sistema laboral a pesar de un desempleo rampante, proponen todo tipo de contratación pública olvidando de donde obtiene el dinero el estado, etc…

Cuando de seguridad se trata la contradicción es aún más palpable. Todos tenemos puertas en casa, muchos rejas en las ventanas, no conozco a nadie que duerma con la puerta abierta y un cartel que diga “pase sin llamar”, y si alguien toca en nuestra puerta nos aseguramos de saber muy bien quién es el que quiere entrar. Mucha de esa misma gente, sin embargo, dirá que no debe haber fronteras, que cualquiera que quiera entrar en España debe  poder hacerlo, que no se deben construir vallas o muros, o cuelgan donde gobiernan un vistoso cartel de “ welcome refugees”.

Lo mismo ocurre con las relaciones personales, todos somos selectivos en lo relativo a con quien nos relacionamos o con quien queremos que se relacionen nuestros hijos. La mayoría de progenitores quieren que sus hijos se relacionen a ser posible con gente que tenga unos valores parecidos sin embargo a nivel internacional pedirán sin empacho que nuestros amigos y aliados sean países con valores incluso diametralmente opuestos a los nuestros.

 ¿Cómo se llega a esta inversión de la lógica? ¿A qué se debe?

Sería tema de discusión pero dos me parecen las causas fundamentales, una la tiranía de los expertos y otra la ideología.

Empezando por esta última, está claro que la ideología juega para mucha gente el mismo rol psicológico que la religión, es decir la necesitan para dar sentido a sus vidas ya que si se les quita sufren un vacío insoportable, de ahí que muchos ni siquiera se plantean modificar sus creencias aunque la razón y los hechos las demuestren equivocadas, en franca contradicción con el sentido común. Ante los evidentes fallos de su ideología buscarán excusas en un intento de que su “Creencia” se mantenga intacta.

La tiranía de los expertos, por otro lado, se produce debido a la necesidad de estos de justificar su trabajo y su papel en la sociedad. Si cualquiera puede hacer o entender lo que ellos hacen ¿quién los necesitaría? De ahí su afán de complicar la comprensión de materias que quizás no tienen nada de complicado. Se da obviamente en el campo de las humanidades las cuales se afanan en emular a las ciencias en complejidad o método de trabajo. Una característica común a este fenómeno es la tendencia a crear un lenguaje específico deliberadamente oscuro.

Solo nos queda denunciar esta situación y manifestar que ese “sentido común doméstico” es muy adecuado, y que la gente debe confiar en el de cara a posicionarse ante los problemas que enfrenta el país o la escena internacional. La gente  debe confiar en sí misma y no dejarse embaucar por charlatanes y expertos que solo alimentan sus propios intereses.

viernes, 7 de octubre de 2016

Servicio de Defensa Nacional (2ª parte. Cuestiones)


-           ¿Hasta qué edad se podría solicitar realizar el Servicio?

Aplicar el criterio que se utiliza en los países con servicio militar obligatorio, es decir el de que a los dieciocho todos tienen que prestar el servicio, no parecería lógico. Todo el mundo sufre algún tipo de evolución ideológica y no parece sensato establecer que a los dieciocho tengas que tomar una decisión definitiva, del tipo ahora o nunca, acerca de un hecho tan importante. Por otro lado si el servicio se pudiese prestar a cualquier edad hay quien podría querer hacerlo una vez que su estado físico les permitiese evadir aquellos  puestos de combate o de alta exigencia física. Por ello parece lo más adecuado que se dé un margen de tiempo para realizar el servicio. Por ejemplo el plazo que se da a los que quieren entrar en el ejército en la actualidad, de 18 a 29 años, parece un tiempo prudencial y suficiente para que una persona pueda meditar si quiere o no ser ciudadano.
 
-           Transición al sistema. ¿Qué ocurriría con los ya ciudadanos? ¿Deben prestar el Servicio?
 
Pedir a personas con trabajos y familia, o de una cierta edad que si quieren seguir votando o conservando su empleo público deban de realizar el servicio no es ni lógico, ni justo ni viable. Por lo tanto lo más viable, si no lo más justo, es que quien ya tiene la categoría de ciudadano la conserve. Quizás para paliar las posibles quejas de aquella primera generación a la que se le aplique el nuevo sistema se podría establecer una tasa para aquellos ya ciudadanos, una forma de compensar el privilegio que van a tener.
 
-           ¿Se produciría una limitación de plazas para  ser ciudadano? Es decir ¿habría más demanda que puestos disponibles? ¿O por el contrario habría plazas no cubiertas? (Dejando por tanto fuera a un porcentaje de gente que querría ser ciudadano o quedando vacíos puestos quizás importantes).
En la franja de edad propuesta de 18 a 29 años hay aproximadamente unos cinco millones de personas en España a 2016. En la época en que el Servicio Militar era obligatorio * (año 1990) 130.000 jóvenes de reemplazo fueron declarados aptos para el Servicio y 175.000 fueron excluidos temporalmente por diversas razones. A estos habría que sumar los militares profesionales en puestos de oficiales y suboficiales. Parece por tanto que las FF.AA. por entonces podían colocar a unos 150.000 hombres sin problemas en cada reemplazo, pero eso sí, solo hombres. Sin embargo habría que tener en cuenta que hay que añadir los numerosos puestos del servicio civil y el hecho de que hay una franja temporal amplia para realizar el servicio, es decir no todos  pedirían realizar el servicio al cumplir los dieciocho años. Por lo tanto no parece que sea insalvable el problema  de una posible falta de plazas.

 
-           ¿Sería sostenible presupuestariamente? 
 
Sin duda. Muchos países tienen fuerzas armadas grandes y todo dependería de cómo se estructurase el presupuesto y donde se estableciesen las prioridades. Además creo que aquellos que no realizasen el servicio deberían pagar una tasa. Parece lógico que si no contribuyes a la defensa de tu propia vida, libertad y propiedad debas contribuir de alguna manera a cubrir el coste de ese servicio que realizan otros.
 
-           Duración del Servicio.
 
En Israel, por ejemplo, los hombres tienen que prestar tres años de servicio y las mujeres dos. Además hay puestos como algunas unidades de combate o puestos más especializados donde el servicio dura más. Sería materia de discusión la duración pero menos de un año carecería de sentido. Y por supuesto el ciudadano una vez concluido su servicio pasaría al estado de reserva y podría, eventualmente, ser llamado al servicio si fuese necesario.
 
-           ¿Qué pasa con aquellos que estén incapacitados para el servicio pero quieren hacerlo?
 
En Israel se plantea a veces este supuesto y allí permiten que el recluta voluntario acceda al puesto si su incapacidad no es demasiado alta a cambio de que suscriban un seguro privado que cubra todos los riesgos.
 
-           ¿Podemos garantizar que todos los puestos sean exigentes?
 
No será fácil. Establecer una equivalencia de “dureza” no es algo sencillo cuando hablamos de puestos y funciones muy distintas pero la disciplina sí puede ser la misma. Así como los horarios o que las actividades tengan un importante elemento de ejercicio físico, por lo que no creo que sea imposible lograrlo.

*Total Reemplazo a 1990: 367.333

Útiles: 129.241
Excluidos: 34.767
Exentos: 3614 
Excluidos Temporales: 175.880

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Servicio de Defensa Nacional


Implementar el Servicio de Defensa Nacional descrito en el anterior post no es fácil y el principal problema lo constituiría claramente la transición del actual modelo al nuevo. ¿Qué ocurriría con los que ahora son ciudadanos? ¿Perderían su categoría? ¿Deberían realizar el Servicio? ¿Todos ellos, algunos o ninguno? Sobre estas y otras dificultades trataremos en otro próximo post. Este lo vamos a dedicar a la organización y desarrollo del Servicio, si quiera de una forma esquemática.

El aspirante a ciudadano debería en primer lugar tomar la decisión de si quiere llevar a cabo el Servicio en su rama civil o bien en la militar porque la autoridad, organización y responsables a cargo varían totalmente. Para ello bastaría con dirigirse o bien a un centro de reclutamiento militar o bien a un centro de selección civil y manifestar el deseo de realizar el Servicio.

Centro de reclutamiento militar. El aspirante se dirige al centro presentando los documentos que demuestran que cumple con los requisitos previos para la ciudadanía (edad, ausencia de antecedentes penales y de enfermedades mentales y nivel de español). Así mismo presentará los documentos que demuestren su nivel de estudios.

 Hecho esto, al aspirante se le realiza un examen médico y un test de inteligencia. Los resultados de estos test unidos a su nivel de estudios dará una cifra que determinará a que puestos puede aspirar. Este número se le remitirá posteriormente junto con un listado de todos los puestos militares a los que puede optar en función del resultado obtenido, de entre estos el aspirante indicará los puestos que desea por orden de preferencia y se lo remitirá al centro de reclutamiento militar.

Recibido el listado de preferencias el centro, en función de las plazas y de las necesidades del Servicio, asignará el puesto al aspirante indicándole el lugar y la fecha en que debe presentarse para iniciar el Servicio. Algunos puestos pueden requerir que el aspirante realice unas pruebas de acceso (como ocurre en Israel con la brigada paracaidista por ejemplo. Ver gibbush). El listado de preferencias deberá ser lo suficientemente amplio para que al aspirante se le pueda conceder alguno de los puestos que designe.

Llegado el día el primer acto que realizará el aspirante en su puesto será realizar el juramento del Servicio que será común tanto para la rama militar como para la civil. Una vez realizado el juramento solo hay dos formas de finalizar el Servicio: licenciado con honor, bien porque complete el Servicio o bien porque se le licencie por razones médicas justificadas, o bien licenciado con deshonor, lo cual imposibilitaría la obtención de la ciudadanía.

Si el aspirante no se incorpora al puesto asignado en el lugar y  fecha indicada no pasará nada. Es conveniente dar esa posibilidad para aquellos que se arrepientan en el último momento o a los que alguna circunstancia sobrevenida les impida incorporarse sin que por ello pierdan la oportunidad de realizar el Servicio en el futuro. Recordamos la voluntariedad del Servicio como una de sus características esenciales.

El Servicio incluirá varios meses de entrenamiento básico (“boot camp”) seguidos de otros de entrenamiento avanzado a los que seguirá el tiempo de prestación de servicio. El tiempo de cada fase variará dependiendo de la unidad de que se trate.

Por supuesto en el Servicio de Defensa Nacional habrá puestos de combate y otros que no lo sean, pero estos en la medida de lo posible serían empleos remunerados cubiertos por ciudadanos, por civiles. Esto es inevitable ya que esos puestos son necesarios pero debemos estar atentos a que aquellos puestos no combatientes y que deban ser cubiertos por aspirantes sean igualmente exigentes y duros, que no se conviertan en el escape para aquellos que quieren completar el Servicio de forma fácil y cómoda. El día a día de estos puestos debe ser en la medida de lo posible lo más parecido al de los puestos de combate y deberían pasar por el mismo entrenamiento básico que los combatientes.

El Servicio Civil se organizaría de forma similar al militar y se podría estructurar a partir de las organizaciones públicas que ya ahora están a cargo de la prevención de diversos desastres (INFOCA, PROTECCIÓN CIVIL, etc…). El proceso de selección y asignación de puestos sería igual al descrito para el servicio militar.

Y volvemos a repetir: todos los puestos tienen que tener el mismo nivel de exigencia.

Para los que quieran hacerse una idea más precisa de cómo un  Servicio de Defensa podría estructurarse recomiendo que consulten el funcionamiento del servicio militar en Suiza y especialmente en Israel:




Además recomiendo la lectura de la famosa novela de Robert A. Heinlein Starship Troopers que plantea y describe un Servicio de Defensa como el propuesto, además de justificarlo. A pesar de ser una novela de ciencia ficción os aseguro que es muy recomendable, siendo una reflexión profunda sobre la virtud cívica por lo que la considero  lectura obligada. Que no os confunda ni os eche para atrás la infumable película que se hizo sobre ella, ya que nada tiene que ver ni en el tono ni en el fondo con la novela de Heinlein.  

viernes, 26 de agosto de 2016

Virtud cívica


El concepto de república se fundamenta tradicionalmente en el imperio de la ley, en una estructura institucional determinada, en la preponderancia de la “clase media” y en la virtud cívica.

El objeto de este post es tratar esta última cuestión, la de la virtud cívica, porque si bien no hay un solo teórico republicano que no crea que esta cuestión es fundamental, ni uno solo que crea que una republica puede serlo o funcionar adecuadamente ignorando este aspecto, ni uno que no vea como esencial y necesario el fomento de la virtud cívica, pocos, en mi opinión, han propuesto formulas realistas y adecuadas para fomentarla.

Pero  ¿qué es la virtud cívica en primer lugar?

“La ciudadanía es una actitud, un estado de la mente, una convicción emocional de que el todo es mayor que la parte, y que la parte debe sentirse humildemente orgullosa de sacrificarse para que el todo pueda vivir”. (Robert A. Heinlein).

A pesar de lo que pueda parecer la virtud cívica no es un sacrificio ciego, irracional y completamente desinteresado por los demás. Tampoco significa renunciar  a tu vida personal o tu propio interés. Significa que cuando se actúa en el ámbito público se debe poner el interés general por encima del propio. Pero solo cuando se actúa en ese ámbito.

 Virtud cívica no significa que debas sacrificar tu tiempo, propiedad o energía para salvar el negocio privado de otro ciudadano o su propiedad o su puesto de trabajo, pero sí significa que si actúas como empleado público, representante del pueblo o simple votante entonces sí que debes estar dispuesto a sacrificar tu propio interés a favor del interés general.

Que los ciudadanos consigan tener esa actitud, esa capacidad de sacrificio, y puedan diferenciar claramente el ámbito público (propio de la virtud cívica) y el ámbito privado (donde solo se te exige el respeto a los derechos individuales de los demás) debe ser el objeto principal de la educación que se imparta a los jóvenes. Esto no es nada nuevo porque todos los teóricos desde Aristóteles han incidido en la importancia de la Educación para el fomento de una virtud cívica.

Pero esa educación con ser importante y fundamental no es suficiente y,  de hecho, por sí sola conseguiría poca cosa en el fomento de la virtud. En última instancia por mucho que haga el estado al respecto, el ser humano es muy diverso y siempre habrá gente con una virtud cívica escasa o nula. Por otro lado la principal fuente de educación son las familias las cuales son igualmente diversas, por lo que resultará inevitable que el grado de virtud cívica de los ciudadanos sea muy diferente.

Todo lo cual nos lleva al siguiente razonamiento: si una ciudadanía virtuosa es esencial para que un estado de derecho funcione y no toda persona es virtuosa a pesar de los esfuerzos educativos que haga el estado, la consecuencia lógica de este razonamiento es que el derecho de ciudadanía no puede ser para todos sino solo para aquellos que demuestren ser virtuosos.

Si el conjunto de la ciudadanía es en una republica el origen de toda ley, todo poder y todo cargo público está claro que si queremos que estas cosas tengan un grado de decencia y eficiencia adecuado la calidad de la ciudadanía se presenta como la clave de todo. Es muy habitual echar la culpa de la corrupción o el mal funcionamiento del estado a los políticos o a las instituciones, olvidando que en una democracia políticos, instituciones y leyes emanan de la ciudadanía.

Tal ciudadanía tienes tal política, ley o institución obtienes.

De modo que ¿cómo medir la virtud cívica de modo que solo los más virtuosos obtengan el derecho de ciudadanía?

Parece obvio que solo criterios objetivos pueden ser de utilidad, criterios previamente fijados en la ley. Cualquier otro método llevaría a injusticias de todo tipo, tratos de favor, oligarquía y corrupción…una vez más.

La idea de un derecho de ciudadanía selectivo puede parecer anatema en estos tiempos donde de hecho se pide la extensión de todo derecho a cada vez más personas. Puede verse incluso como una propuesta antidemocrática o discriminatoria, algo que nos retrotrae a los tiempos del voto censitario o de la exclusión de grupos enteros (como las mujeres o los negros) del derecho a votar o a ser elegido.

Nada más lejos de la realidad. No existiría bajo el sistema propuesto ninguna exclusión. Toda persona tendría derecho a optar a la ciudadanía, pero tendría que ganársela, no sería algo automático concedido por el simple hecho de cumplir dieciocho años.

No tiene sentido pretender que se valore el concepto de ciudadanía, que se desee una ciudadanía virtuosa y activa…y seguidamente se regale  el derecho de ciudadanía a cualquiera. Lo que cuesta nada vale nada. Si el derecho de ciudadanía hubiese de ser ganado mucha gente con escasa o nula virtud cívica dejaría de tener nada que decir en la política, en el ámbito público, porque renunciaría al esfuerzo que implicaría obtenerlo. Estableceríamos un filtro que al menos aumentaría considerablemente la calidad de todos aquellos que sirven en la “cosa pública”.

Por lo tanto propongo estos requisitos objetivos para la obtención de la ciudadanía:

-          Un cierto grado de madurez es necesaria por lo que establecer un límite de edad es lógico, tal y como se hace ahora. Dieciocho años es adecuado. Si hubiera que modificar este límite debería ser para alzarlo  no desde luego para bajarlo, dado el infantilismo y el alargamiento de la adolescencia que existe en la actualidad. Pero dieciocho años parece adecuado.

-          Si has sido un criminal no es lógico que seas ciudadano. Si el imperio de la ley es la clave de todo estado de derecho es un disparate que aquel que la ha violado de forma grave pueda ser ciudadano. Por lo tanto otro requisito debería ser no haber cometido delitos graves. (Delito grave es aquel penado con más de cinco años de cárcel).

-          Lógicamente un ciudadano tiene que estar en sus cabales, tener control de sí mismo. Por lo que no padecer  trastornos mentales debe ser otro requisito.

-          Este país se llama España y el vehículo que los ciudadanos de este país, y también sus residentes utilizan para comunicarse en todo el territorio nacional es el español. De modo que tener un nivel adecuado de español debe ser un requisito para la ciudadanía española.

Todos estos requisitos son necesarios y en cierta medida ayudan a tener esa necesaria virtud cívica, pero por si solos no demuestran que exista la capacidad de sacrificio que el derecho de ciudadanía exige. Por ello es necesario establecer otro requisito, otra prueba que demuestre que la persona está dispuesta a sacrificar su interés personal por el bien común, por proteger su país y a sus paisanos.

Propongo que para ser ciudadano una persona tenga que realizar un Servicio de Defensa Nacional durante un tiempo. ¿Por qué? Porque la protección es la función numero uno de todo estado. Es más, es la razón de ser del estado. Un estado que no se protege a sí mismo, a las personas y a sus propiedades no tiene razón de ser. Podrá dedicarse además a otras cosas o no hacerlo, pero si no protege es un estado fallido. Por lo tanto participar activamente en esta función debería ser la obligación numero uno de todo ciudadano o aspirante a serlo.

¿Cuál sería la naturaleza de este servicio? Tendría dos vertientes, una militar y otra civil.

La militar sería el clásico servicio militar, entroncando así con una tradición republicana fundamental: la idea de que corresponde al ciudadano el tomar las armas para defender a la republica. Se podría establecer un sistema similar al isaraelí  cuyo buen funcionamiento está contrastado. O como el suizo.

La civil tendría el mismo objetivo que la militar: proteger a la republica y a sus ciudadanos pero frente a amenazas que  no requieran el uso de armas. Propongo que este servicio estuviese encargado de la prevención y  lucha frente a desastres naturales y humanitarios tales como incendios, inundaciones, terremotos, epidemias, etc…

La clave para que el Servicio de Defensa Nacional se convierta en un auténtico motor que fomente la virtud cívica está en que el Servicio sea duro, exigente y no se obtenga nada a cambio salvo el derecho de ciudadanía una vez completado. Para ello habrá de evitarse que en ese Servicio existan funciones “light”, puestos facilones donde el aspirante pueda pasar comodamente su Servicio. Todos deberán ser puestos con una exigencia física y de actitud alta y con una  peligrosidad y responsabilidad acorde a esa exigencia.

Este último punto es fundamental porque el Servicio debe suponer un verdadero sacrificio para el aspirante y porque si queremos poner en valor el concepto de ciudadanía ésta debe costar algo. Repetimos: lo que no cuesta nada no vale nada. Si el Servicio estuviese repleto de puestos innecesarios, sin responsabilidad ni dureza ninguna, perdería toda su razón de  ser. Se convertiría en un fraude de ley, un paripé para conseguir la ciudadanía con vistas seguramente a ser funcionario u obtener cualquier otro beneficio material.

Por supuesto el Servicio sería voluntario, de lo que se deriva que la ciudadanía no es una obligación. Es una categoría a la que toda persona puede aspirar si cumple con los requisitos. La voluntariedad es una exigencia del propio concepto de virtud. Para que una persona pueda ser calificada de virtuosa o de no serlo debe ser libre para elegir. Dueña de sí misma y, por tanto, responsable.

Quien no desease ser ciudadano mantendría un estatuto jurídico similar al de un residente legal con permiso de trabajo y residencia indefinido. Se podría diferenciar entre residente nacional y residente extranjero, por razones de Derecho internacional, para evitar apátridas por ejemplo.

Una vez completado el Servicio se obtendría el derecho de ciudadanía que implicaría los derechos a:

-          Votar para elegir a tus representantes.

-          Votar en un referéndum si éste se convocara.

-          Presentarte como candidato a representante del pueblo.

-          Ser empleado público si cumples los requisitos del puesto en cuestión.

Sobre el diseño y la organización de este Servicio de Defensa Nacional hablaremos de forma más detallada en otro post.