viernes, 5 de junio de 2015

Patria

Es un término polémico. Visto por algunos como uno de los mayores ejemplos de irracionalidad, y por otros como la suma de todo lo mejor que debe amar una persona.

Si a la pregunta ¿qué es la patria? se responde sin meditarlo mucho, probablemente las respuestas no varíen: es el país de uno, del que se tiene la nacionalidad y por el que se siente afecto (raramente la palabra patria es usada por alguien que desprecia su propio país).

Como características de esa patria uno puede dar un conjunto de elementos tales como la lengua, Historia, etnia, religión, cultura, símbolos, etc… Suelen ser de este conjunto de atributos del que ese patriota irreflexivo se siente orgulloso sin ir más allá.

Sin embargo, por ejemplo, si la lengua es característica de la patria ¿no debería el patriota español exigir que todo el mundo hispano fuese una patria?, y en ese caso lo mismo daría vivir en Madrid o en Quito, y habría que pedir ya una especie de gobierno iberoamericano.

Lo mismo puede decirse en cuanto a la Historia, la religión, la etnia, etc…todos son elementos compartidos por muchos pueblos que hoy en día son independientes y soberanos.

Sin embargo existen otros elementos que conforman la patria y que a mi juicio son los que verdaderamente importan y de los que verdaderamente uno puede sentir orgullo: las Leyes y las Instituciones.

La razón está en que realmente solo aquellos elementos que son producto de la voluntad constatable y mayoritaria de ese pueblo que afirma ser una patria pueden ser dignos de orgullo, aunque solo sea porque son construidos por ese pueblo y posteriormente mantenidos por él. El Derecho y las Instituciones políticas y sociales constituyen ese tipo de elementos.

Algunos países, que por sus características carecen de esos otros elementos comunes más básicos o de algunos de ellos (religión, etnia, larga Historia, lengua común…) han producido paradójicamente las mejores muestras de patriotismo. Suiza o EE.UU. son un buen ejemplo de ello.

Suiza carece de lengua común, religión común o etnia común y sin embargo es difícil encontrar un pueblo más patriota en, al menos, toda Europa. Su patriotismo se ha construido a través de los siglos en el amor a sus libertades, tanto individuales como civiles y a sus instituciones y leyes creadas para defender esas libertades y su estilo de vida.

Lo mismo podemos decir de EE.UU. que a pesar de tener una lengua común nunca intentó imponerla, cuya libertad religiosa existió desde antes de su nacimiento y que, como todos sabemos, está conformado por personas de todo el mundo y de todas las culturas. Y antes de que con el tiempo se formase ese American Way of Life ya existía la patria ¿entorno a qué? Como los suizos entorno a la libertad y las leyes e instituciones creadas para protegerla.

Estos países han entendido la patria como una comunidad de Derecho. Un conjunto de leyes e instituciones comunes, con sus símbolos representativos, que constituye la espina dorsal y el corazón, de esos países.

¿Podría entenderse el patriotismo americano sin su Constitución, sin su Bill of Rigths? ¿El patriotismo inglés sin el Common Law, la Carta Magna o su gloriosa Revolución? ¿O el suizo sin su federalismo, neutralidad y tolerancia?

Es este el patriotismo positivo al que España debería aspirar y no pretender que la gente se emocione por fuerza con los Reyes Católicos, el Cid, la paella o los toros.

Ese otro patriotismo básico (algunos dirían burdo, o aún palabras más gruesas) debe quedar, como la religión en el interior de cada uno, donde siempre será respetado, y no pretender imponerlo a todo el mundo, como se hizo en el pasado con algunas creencias.

Ese patriotismo entorno a las Instituciones y las Leyes que el pueblo crea es lo que habitualmente se ha llamado patriotismo constitucional, ya que exige que exista una Constitución, oral u escrita, que actúe como norma suprema que establezca las reglas del juego por las que esa comunidad de Derecho se va a regir.

Como es lógico cuanto más neutra y formal sea esa Constitución más estable y duradera será, y en sentido contrario, cuanto más partidista y sustantiva más inestable e ineficaz.

Ese era precisamente el objetivo de todos los constitucionalistas republicanos, crear normas, por lo general no muy extensas, que se enfocan en la forma, en el proceso, manteniéndose neutral por lo general en cuanto al fondo de las leyes, las cuales variarán según los cambios que se produzcan en la sociedad y que quedarán reflejados en las decisiones de los representantes legislativos elegidos por el pueblo.

De ahí que la Constitución americana y la inglesa sean dos buenos ejemplos de lo que debe ser una Constitución, a pesar del asedio y desgaste al que están siendo sometidas, y la española o cualquier otra de Europa continental, cargadas de ideología,  ejemplos de lo que de ningún modo debe ser una Constitución.

Y vale la pena recordar que aunque en la actualidad nuestras constituciones son marcadamente socialdemócratas, no escasean los liberales a los que les gustaría que las constituciones contuviesen normas de contenido sustantivo, en este caso liberal, como una limitación a los impuestos o al gasto público. Esto, claro está, sería un error y llevaría a constantes enfrentamientos civiles, como ocurrió en los siglos XIX y XX.


Merece la pena volver a leerse la Constitución americana y sus enmiendas. No es muy extensa y sin embargo, es difícil encontrar un texto legal con más sentido, a pesar de los lógicos defectos de cualquier creación humana.