viernes, 26 de agosto de 2016

Virtud cívica


El concepto de república se fundamenta tradicionalmente en el imperio de la ley, en una estructura institucional determinada, en la preponderancia de la “clase media” y en la virtud cívica.

El objeto de este post es tratar esta última cuestión, la de la virtud cívica, porque si bien no hay un solo teórico republicano que no crea que esta cuestión es fundamental, ni uno solo que crea que una republica puede serlo o funcionar adecuadamente ignorando este aspecto, ni uno que no vea como esencial y necesario el fomento de la virtud cívica, pocos, en mi opinión, han propuesto formulas realistas y adecuadas para fomentarla.

Pero  ¿qué es la virtud cívica en primer lugar?

“La ciudadanía es una actitud, un estado de la mente, una convicción emocional de que el todo es mayor que la parte, y que la parte debe sentirse humildemente orgullosa de sacrificarse para que el todo pueda vivir”. (Robert A. Heinlein).

A pesar de lo que pueda parecer la virtud cívica no es un sacrificio ciego, irracional y completamente desinteresado por los demás. Tampoco significa renunciar  a tu vida personal o tu propio interés. Significa que cuando se actúa en el ámbito público se debe poner el interés general por encima del propio. Pero solo cuando se actúa en ese ámbito.

 Virtud cívica no significa que debas sacrificar tu tiempo, propiedad o energía para salvar el negocio privado de otro ciudadano o su propiedad o su puesto de trabajo, pero sí significa que si actúas como empleado público, representante del pueblo o simple votante entonces sí que debes estar dispuesto a sacrificar tu propio interés a favor del interés general.

Que los ciudadanos consigan tener esa actitud, esa capacidad de sacrificio, y puedan diferenciar claramente el ámbito público (propio de la virtud cívica) y el ámbito privado (donde solo se te exige el respeto a los derechos individuales de los demás) debe ser el objeto principal de la educación que se imparta a los jóvenes. Esto no es nada nuevo porque todos los teóricos desde Aristóteles han incidido en la importancia de la Educación para el fomento de una virtud cívica.

Pero esa educación con ser importante y fundamental no es suficiente y,  de hecho, por sí sola conseguiría poca cosa en el fomento de la virtud. En última instancia por mucho que haga el estado al respecto, el ser humano es muy diverso y siempre habrá gente con una virtud cívica escasa o nula. Por otro lado la principal fuente de educación son las familias las cuales son igualmente diversas, por lo que resultará inevitable que el grado de virtud cívica de los ciudadanos sea muy diferente.

Todo lo cual nos lleva al siguiente razonamiento: si una ciudadanía virtuosa es esencial para que un estado de derecho funcione y no toda persona es virtuosa a pesar de los esfuerzos educativos que haga el estado, la consecuencia lógica de este razonamiento es que el derecho de ciudadanía no puede ser para todos sino solo para aquellos que demuestren ser virtuosos.

Si el conjunto de la ciudadanía es en una republica el origen de toda ley, todo poder y todo cargo público está claro que si queremos que estas cosas tengan un grado de decencia y eficiencia adecuado la calidad de la ciudadanía se presenta como la clave de todo. Es muy habitual echar la culpa de la corrupción o el mal funcionamiento del estado a los políticos o a las instituciones, olvidando que en una democracia políticos, instituciones y leyes emanan de la ciudadanía.

Tal ciudadanía tienes tal política, ley o institución obtienes.

De modo que ¿cómo medir la virtud cívica de modo que solo los más virtuosos obtengan el derecho de ciudadanía?

Parece obvio que solo criterios objetivos pueden ser de utilidad, criterios previamente fijados en la ley. Cualquier otro método llevaría a injusticias de todo tipo, tratos de favor, oligarquía y corrupción…una vez más.

La idea de un derecho de ciudadanía selectivo puede parecer anatema en estos tiempos donde de hecho se pide la extensión de todo derecho a cada vez más personas. Puede verse incluso como una propuesta antidemocrática o discriminatoria, algo que nos retrotrae a los tiempos del voto censitario o de la exclusión de grupos enteros (como las mujeres o los negros) del derecho a votar o a ser elegido.

Nada más lejos de la realidad. No existiría bajo el sistema propuesto ninguna exclusión. Toda persona tendría derecho a optar a la ciudadanía, pero tendría que ganársela, no sería algo automático concedido por el simple hecho de cumplir dieciocho años.

No tiene sentido pretender que se valore el concepto de ciudadanía, que se desee una ciudadanía virtuosa y activa…y seguidamente se regale  el derecho de ciudadanía a cualquiera. Lo que cuesta nada vale nada. Si el derecho de ciudadanía hubiese de ser ganado mucha gente con escasa o nula virtud cívica dejaría de tener nada que decir en la política, en el ámbito público, porque renunciaría al esfuerzo que implicaría obtenerlo. Estableceríamos un filtro que al menos aumentaría considerablemente la calidad de todos aquellos que sirven en la “cosa pública”.

Por lo tanto propongo estos requisitos objetivos para la obtención de la ciudadanía:

-          Un cierto grado de madurez es necesaria por lo que establecer un límite de edad es lógico, tal y como se hace ahora. Dieciocho años es adecuado. Si hubiera que modificar este límite debería ser para alzarlo  no desde luego para bajarlo, dado el infantilismo y el alargamiento de la adolescencia que existe en la actualidad. Pero dieciocho años parece adecuado.

-          Si has sido un criminal no es lógico que seas ciudadano. Si el imperio de la ley es la clave de todo estado de derecho es un disparate que aquel que la ha violado de forma grave pueda ser ciudadano. Por lo tanto otro requisito debería ser no haber cometido delitos graves. (Delito grave es aquel penado con más de cinco años de cárcel).

-          Lógicamente un ciudadano tiene que estar en sus cabales, tener control de sí mismo. Por lo que no padecer  trastornos mentales debe ser otro requisito.

-          Este país se llama España y el vehículo que los ciudadanos de este país, y también sus residentes utilizan para comunicarse en todo el territorio nacional es el español. De modo que tener un nivel adecuado de español debe ser un requisito para la ciudadanía española.

Todos estos requisitos son necesarios y en cierta medida ayudan a tener esa necesaria virtud cívica, pero por si solos no demuestran que exista la capacidad de sacrificio que el derecho de ciudadanía exige. Por ello es necesario establecer otro requisito, otra prueba que demuestre que la persona está dispuesta a sacrificar su interés personal por el bien común, por proteger su país y a sus paisanos.

Propongo que para ser ciudadano una persona tenga que realizar un Servicio de Defensa Nacional durante un tiempo. ¿Por qué? Porque la protección es la función numero uno de todo estado. Es más, es la razón de ser del estado. Un estado que no se protege a sí mismo, a las personas y a sus propiedades no tiene razón de ser. Podrá dedicarse además a otras cosas o no hacerlo, pero si no protege es un estado fallido. Por lo tanto participar activamente en esta función debería ser la obligación numero uno de todo ciudadano o aspirante a serlo.

¿Cuál sería la naturaleza de este servicio? Tendría dos vertientes, una militar y otra civil.

La militar sería el clásico servicio militar, entroncando así con una tradición republicana fundamental: la idea de que corresponde al ciudadano el tomar las armas para defender a la republica. Se podría establecer un sistema similar al isaraelí  cuyo buen funcionamiento está contrastado. O como el suizo.

La civil tendría el mismo objetivo que la militar: proteger a la republica y a sus ciudadanos pero frente a amenazas que  no requieran el uso de armas. Propongo que este servicio estuviese encargado de la prevención y  lucha frente a desastres naturales y humanitarios tales como incendios, inundaciones, terremotos, epidemias, etc…

La clave para que el Servicio de Defensa Nacional se convierta en un auténtico motor que fomente la virtud cívica está en que el Servicio sea duro, exigente y no se obtenga nada a cambio salvo el derecho de ciudadanía una vez completado. Para ello habrá de evitarse que en ese Servicio existan funciones “light”, puestos facilones donde el aspirante pueda pasar comodamente su Servicio. Todos deberán ser puestos con una exigencia física y de actitud alta y con una  peligrosidad y responsabilidad acorde a esa exigencia.

Este último punto es fundamental porque el Servicio debe suponer un verdadero sacrificio para el aspirante y porque si queremos poner en valor el concepto de ciudadanía ésta debe costar algo. Repetimos: lo que no cuesta nada no vale nada. Si el Servicio estuviese repleto de puestos innecesarios, sin responsabilidad ni dureza ninguna, perdería toda su razón de  ser. Se convertiría en un fraude de ley, un paripé para conseguir la ciudadanía con vistas seguramente a ser funcionario u obtener cualquier otro beneficio material.

Por supuesto el Servicio sería voluntario, de lo que se deriva que la ciudadanía no es una obligación. Es una categoría a la que toda persona puede aspirar si cumple con los requisitos. La voluntariedad es una exigencia del propio concepto de virtud. Para que una persona pueda ser calificada de virtuosa o de no serlo debe ser libre para elegir. Dueña de sí misma y, por tanto, responsable.

Quien no desease ser ciudadano mantendría un estatuto jurídico similar al de un residente legal con permiso de trabajo y residencia indefinido. Se podría diferenciar entre residente nacional y residente extranjero, por razones de Derecho internacional, para evitar apátridas por ejemplo.

Una vez completado el Servicio se obtendría el derecho de ciudadanía que implicaría los derechos a:

-          Votar para elegir a tus representantes.

-          Votar en un referéndum si éste se convocara.

-          Presentarte como candidato a representante del pueblo.

-          Ser empleado público si cumples los requisitos del puesto en cuestión.

Sobre el diseño y la organización de este Servicio de Defensa Nacional hablaremos de forma más detallada en otro post.