lunes, 9 de enero de 2017

Lógica doméstica

La mayoría de la gente hace gala de un buen sentido común cuando se atiene a los problemas de la vida cotidiana, a las cuestiones domésticas del día a día, sea en lo que se refiere a la economía, la educación, las relaciones personales o la seguridad de la familia. Por supuesto hay familias disfuncionales y claro está que todos cometemos errores o tomamos alguna mala decisión pero en términos generales la gente tiene lo que podríamos llamar una adecuada lógica doméstica.

Sorprendentemente esa misma gente lanza al cubo de la basura ese sentido común cuando se trata de cuestiones a nivel de política nacional o internacional. Ante problemas esencialmente idénticos a los que enfrenta en su día a día, esa gente, por alguna razón, pasará a plantear soluciones diametralmente opuestas a las que usa en su vida cotidiana para el mismo tipo de problemas.

Veamos algunos ejemplos:
En economía cualquier familia que pasa por un periodo de crisis tiende a hacer lo mismo, reduce el gasto, establece una serie de prioridades de gasto eliminando lo superfluo y priorizando aquello más importante, intenta aumentar los ingresos, etc… Esa misma gente cuando quien está en crisis económica es el país piden que no se deje de gastar, que se mantenga todo tipo de gasto público, sea un hospital o una tv pública que nadie ve, piden que no se cambie nada de nuestro sistema laboral a pesar de un desempleo rampante, proponen todo tipo de contratación pública olvidando de donde obtiene el dinero el estado, etc…

Cuando de seguridad se trata la contradicción es aún más palpable. Todos tenemos puertas en casa, muchos rejas en las ventanas, no conozco a nadie que duerma con la puerta abierta y un cartel que diga “pase sin llamar”, y si alguien toca en nuestra puerta nos aseguramos de saber muy bien quién es el que quiere entrar. Mucha de esa misma gente, sin embargo, dirá que no debe haber fronteras, que cualquiera que quiera entrar en España debe  poder hacerlo, que no se deben construir vallas o muros, o cuelgan donde gobiernan un vistoso cartel de “ welcome refugees”.

Lo mismo ocurre con las relaciones personales, todos somos selectivos en lo relativo a con quien nos relacionamos o con quien queremos que se relacionen nuestros hijos. La mayoría de progenitores quieren que sus hijos se relacionen a ser posible con gente que tenga unos valores parecidos sin embargo a nivel internacional pedirán sin empacho que nuestros amigos y aliados sean países con valores incluso diametralmente opuestos a los nuestros.

 ¿Cómo se llega a esta inversión de la lógica? ¿A qué se debe?

Sería tema de discusión pero dos me parecen las causas fundamentales, una la tiranía de los expertos y otra la ideología.

Empezando por esta última, está claro que la ideología juega para mucha gente el mismo rol psicológico que la religión, es decir la necesitan para dar sentido a sus vidas ya que si se les quita sufren un vacío insoportable, de ahí que muchos ni siquiera se plantean modificar sus creencias aunque la razón y los hechos las demuestren equivocadas, en franca contradicción con el sentido común. Ante los evidentes fallos de su ideología buscarán excusas en un intento de que su “Creencia” se mantenga intacta.

La tiranía de los expertos, por otro lado, se produce debido a la necesidad de estos de justificar su trabajo y su papel en la sociedad. Si cualquiera puede hacer o entender lo que ellos hacen ¿quién los necesitaría? De ahí su afán de complicar la comprensión de materias que quizás no tienen nada de complicado. Se da obviamente en el campo de las humanidades las cuales se afanan en emular a las ciencias en complejidad o método de trabajo. Una característica común a este fenómeno es la tendencia a crear un lenguaje específico deliberadamente oscuro.

Solo nos queda denunciar esta situación y manifestar que ese “sentido común doméstico” es muy adecuado, y que la gente debe confiar en el de cara a posicionarse ante los problemas que enfrenta el país o la escena internacional. La gente  debe confiar en sí misma y no dejarse embaucar por charlatanes y expertos que solo alimentan sus propios intereses.

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