lunes, 13 de marzo de 2017

CAMINO A LA EXTINCIÓN

Camino de servidumbre se llama la famosa obra de Hayek en la que describe los pasos a través de los  cuales un país acaba pasando de un régimen de libertades a un sistema totalitario.

Del mismo modo podríamos hablar de que existe un camino que de ser tomado lleva a toda civilización a su extinción.

Esas etapas que conforman ese camino de extinción se podrían resumir en cinco puntos.

1  Hegemonía. Ausencia de enemigos.

“¡Qué será de Roma cuando ya no tenga a nadie a quien temer!” (Catón el Censor)

Toda civilización batalla por su existencia, y se enfrenta a otras civilizaciones, ya sea ese enfrentamiento una pura competición o bien una guerra abierta o soterrada. En un cierto momento la civilización va derrotando a sus competidores y, eventualmente, puede llegar a eliminar a aquellos que suponían un riesgo para su existencia. En ese momento la civilización en cuestión llega a la hegemonía  en su área de influencia.

Pocos años después de que Catón el Censor pronunciase la frase que abre este punto Roma derrotó a todos los que en ese momento suponían una amenaza para su existencia (Siria, Macedonia y sobre todo Carthago). No es que desaparecieran todos sus enemigos, pero sí aquellos que podrían haber acabado por la fuerza con Roma.

Algo parecido ocurrió en 1991 con la caída de la URSS. En ese momento EE.UU. alcanzó la hegemonía mundial, que aún conserva. A pesar de que hay quien lo ataca, sus enemigos no suponen un riesgo existencial en la actualidad como sí lo fue la URSS en su momento.

2 Riqueza material inusitada.

Conforme la civilización va derrotando o superando a sus competidores la prosperidad económica aumenta. De hecho ninguna civilización cada vez más pobre económicamente puede ser cada vez más fuerte a nivel internacional. Riqueza y fortaleza van de la mano siempre.

Cuando se alcanza la hegemonía  la riqueza alcanza un punto álgido que sigue creciendo gracias a la paz y la estabilidad que resultan de la ausencia de amenazas serias. Con la paz viene el libre comercio, un aumento de las inversiones y por ende de la productividad. En un momento dado la población se encuentra con un nivel de vida que sus antepasados no pudieron ni siquiera imaginar.

3 Desaparición del espíritu de sacrificio o virtud cívica.

Esa riqueza hace que las costumbres se relajen, la gente se vuelve más egoísta y al no haber una amenaza externa evidente nada les lleva a sacrificarse por los demás. La riqueza se convierte en la medida de todas las cosas. El bienestar propio se convierte en  el objetivo a alcanzar. La gente, si bien de palabra aún pueden creer en grandes valores ya no están dispuestos a hacer ningún sacrificio por ellos, quizás estén aún dispuestos a pagar por ellos, a pagar a algún otro para que se sacrifique pero no a realizar ellos mismos esos sacrificios.

Dar unos años o incluso meses de su vida para un servicio militar o civil se ve como una intromisión intolerable en la vida de las personas. Que vecinos o desconocidos puedan afear la conducta de jóvenes que actúan mal o de tus propios hijos se ve como injustificable. La palabra derechos se extiende a cada vez más ámbitos. La palabra deber se reduce a su mínima expresión.

Más aún esa riqueza, ese bienestar, esa comodidad nos ablanda hasta el punto que ciertos esfuerzos que siempre se han acometido comienzan a verse como esfuerzos intolerables. Criar niños o incluso el simple hecho de caminar comienza a verse como una incomodidad injustificable.

Del “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill se pasa al Carpe diem.


4 Desaparición de valores que eran considerados objetivamente buenos (patria, creencias, costumbres)

En un cierto momento incluso en esos valores se empieza a dejar de creer. Comienzan a ser relativizados cuando no directamente atacados. La gente empieza a estar dispuesta a creer en ideas ajenas a las de la  propia civilización no importa lo extrañas o disparatadas que sean o peor aún en no pocos casos la gente llega a no creer en nada absolutamente. El nihilismo y el relativismo se extienden.

Quitar crucifijos o pesebres de las escuelas es visto como algo lógico y necesario, como lógico y necesario es visto permitir el hijab o llevar a cabo algún ritual de otra cultura que fomente la multiculturalidad.

Sin embargo a los valores les ocurre como al poder, no toleran el vacío. Donde unos valores desaparecen antes o después otros vienen a ocupar ese espacio.

5  Invasión, casi siempre pacifica, de poblaciones ajenas a esa civilización.

Precisamente cuando esos valores flaquean es cuando se comienza a estar más dispuesto a que cualquiera, no importa en que crea o cual sea su forma de vida atraviese nuestras fronteras. La riqueza que ya creció entre nosotros  los atrae, nuestra falta de valores les permite la entrada. Esa falta de valores relativiza los suyos. La entrada no cesa.

El relativismo, cuando no el odio hacia uno mismo, lleva a celebrar la idea de que otras culturas, no importa como sean, puedan afincarse dentro de nuestras fronteras. Si las nuevas minorías no se integran los defensores del sistema sin duda achacarán las culpas a nosotros mismos, a que somos racistas, intolerantes o a que no les damos suficientes ayudas económicas. Nunca cuestionarán el deseo de esas minorías por integrarse.

Y dado que ya no valoramos lo nuestro ¿qué razón vamos a tener para exigir a nadie que adopte nuestros valores? Es más, en este punto es posible que ya ni siquiera existan “nuestros valores”

6   Disolución de la civilización en ese tsunami extranjero.

En un momento dado esas minorías, que nunca se integran y que a diferencia de nosotros no dudan de sus valores, por diversos medios, políticos, violentos, cooptación, etc… acaban con la civilización de residencia.


No fueron los bárbaros quienes acabaron por si solos con la civilización romana. Los bárbaros fueron la última fase, y acabaron con algo que estaba ya desgastado y marchito. Décadas de permitirles la entrada e incluso de poner en sus manos la defensa del imperio llevaron a que se encontraran en una posición de fuerza que les permitió en un momento dado hacerse con el poder.